El reto está en buscar el equilibrio.

En este proyecto, la construcción pasa a un segundo plano. Es un proyecto familiar, fuente constante de ideas, y un espacio vivo que se diseña en relación con el entorno, las plantas y los ritmos de la vida.

En una parcela, el huerto, el estanque, el prado y el bosque joven son el sostén de todos los proyectos.
Conocer las plantas es esencial para ubicarlas en su lugar adecuado, y, de vez en cuando, aparecen visitantes inesperados: amigos, familia, aves, pequeños animales, insectos… para todos ellos también hay que crear espacio.

Es un lugar que debe organizarse como una pequeña ciudad: hay que combinar diferentes usos, distintos seres vivos y ritmos diversos.
El trabajo consiste en aprender, observar y buscar el equilibrio; y cuando ese equilibrio se alcanza, el cuidado se convierte en una relación cotidiana y natural, una parte más del ritmo de la vida, no una obligación.